Desarrollo de la música electroacústica en la Argentina
Las primeras noticias que llegaron al país acerca de una experiencia musical realizada directamente sobre un medio de registro sonoro -disco primero y cinta magnética después- datan de aproximadamente 1949. Por ese entonces se tuvo conocimiento en Buenos Aires de las búsquedas que Pierre Schaeffer, creador de la música concreta, realizaba en París.
El primer libro de Schaeffer sobre la denominada música concreta llegó a Buenos Aires en 1952, pudiendo así algunos músicos argentinos interiorizarse del pensamiento de este pionero. El primer compositor que se preocupó en la Argentina por experimentar con registros sonoros sobre discos de acetato fue Mauricio Kagel, que sonorizó con efectos "concretos" una exposición industrial en Mendoza por 1954. Alrededor de 1955 Francisco Kropfl inició privadamente la experimentación con osciladores electrónicos y grabación en cinta magnetofónica.Otro compositor, con especialización en acústica, Tirso de Olazábal, fue el primero en presentar, en 1958, en una sala de conciertos y con un equipo de amplificación adecuado, obras de música concreta y electrónica de compositores europeos. El concierto fue organizado por la Asociación de Conciertos de Cámara.
Los primeros en la Argentina en dedicarse a la composición con medios electrónicos propiamente dicha fueron César Franchisena en 1959 en Córdoba y Francisco Kröpfl en Buenos Aires. Este último, que comenzó a fines de 1958, junto con Fausto Maranca como auxiliar técnico a instalar el primer laboratorio institucional de música electrónica en Latinoamérica, realizó sus primeras composiciones con sonidos exclusivamente electrónicos entre 1959 y 1960. El "Ejercicio de Texturas" completado en marzo de ese año, fue la primera pieza de este tipo compuesta en la Argentina. El laboratorio, al que contribuyeron, además de Fausto Maranca, técnicos de primer orden como Walter Guth, Jorge Menyhart y Jorge Agrest, se denominó Estudio de Fonología Musical de la Universidad de Buenos Aires. El Estudio funcionó en el Laboratorio de Acústica de la Facultad de Arquitectura hasta su cierre en 1973. Trabajaron en él, en diversos períodos, los siguientes compositores: Dante Grela, Eduardo Tejeda, Carlos Rausch, Nelly Moretto, Jorge Rotter, José Maranzano, Alberto Coronato, Jacqueline Nova (colombiana), Eduardo Bértola y Jorge Molina. Fueron colaboradores musicales estables del Estudio de Fonología Musical, en distintas épocas: Jorge Rotter y Alberto Coronato.
César Franchisena, trabajando en la Radio Universidad de Córdoba realizó su experiencia inicial entre 1959 y 1960, consistente en un montaje elaborado a partir de sonidos producidos por generadores electrónicos. Durante 1960 realizó con materiales electrónicos y procedentes de otras fuentes, la música para un ballet. Prosiguió sus investigaciones más adelante en el Laboratorio de Acústica de la Universidad de Córdoba. Después de una larga espera, catorce años más tarde, en 1973, tuvo ocasión de trabajar en un estudio de música electrónica por un tiempo suficientemente largo como para producir una obra electrónica extensa, que se llamó "Tres momentos mágicos", realizada en el Laboratorio del Centro de Investigaciones en Comunicación Masiva, Arte y Tecnología (CICMAT).
El segundo laboratorio estable de música electrónica en Latinoamérica fue el del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM) del Instituto Torcuato Di Tella en Buenos Aires. Instalado en su primera versión por el ingeniero Bosarello, comenzó sus actividades en 1964 (FOTO N° 4). En su etapa inicial estuvo a su cargo César Bolaños, compositor peruano, uno de los primeros becarios del CLAEM y el primero en producir obras electroacústicas allí.
A partir de 1967 Francisco Kropfl fue director musical del laboratorio y profesor a cargo del área de música electrónica. El compositor chileno Gabriel Brncic fue un importante colaborador del área.
El laboratorio fue totalmente renovado en 1966, gracias a un proyecto sumamente original de Fernando von Reichenbach, su diseñador y director técnico, siendo elogiado por especialistas como Bruno Maderna y Vladimir Ussachevsky. Allí realizaron obras un buen número de jóvenes compositores latinoamericanos. Se compusieron obras excelentes que han circulado ya por diversos centros mundiales de difusión. Como aporte a una futura historia de la música electracústica en Latinoamérica, consignamos los nombres: C. Bolaños, O. Bazán, B. E. Atehortua, A. Lanza, M. A. Rondano, L. Todoroff, R. Aponte Ledee, G. Brncic, G. Paraskevaidis, F. Pozadas, M. Migliari, J. Nova, I. Sangueza, J. Orellana, G. Cubillas, L. M. Serra, R. Benavente, J. Antúnez, A. Nuñez Allauca, A. Mastrogiovanni, A. Martínez, C. Aharonian, J. Maranzano, E. Kus-nir, P. Caryevschi, B. Lockhart, L. Biriotti, E. Gerardi, M. Etkin y F. Kröpfl.